El otro día una amiga me envió por mail el libro entero de Linda Howard, El hombre perfecto, que muchas de vosotras me habéis recomendado. No lo imprimiré ni lo leeré en pantalla porque me parece bastante injusto para el autor, que probablemente haya estado más de un año escribiéndola y sea su modus vivendi. Pienso en Esther Sanz, por ejemplo, que acaba de publicar su primera novela en Talismán y cuyas ventas son determinantes para su carrera literaria. No quiero saber si su libro se encuentra en la Red, pero prefiero pensar que no, que no lo está. Los autores, o cualquiera que sea creador y viva de ello, deben percibir derechos de autor por sus obras y que lo libros aparezcan colgados en la web no les ayuda. Por otro lado, me pregunto quién se dedicará a escanear un libro entero y colgarlo en la red y por qué motivos lo hará.