Esa indescifrable llamada de tus dientes

 

Después de haber recibido numerosos manuscritos vuestros al I Premio Talismán de Novela Romántica, he estado pensando que es un género que empuja a sus lectores a escribir las propias experiencias. Una se siente identificada con un personaje, con una frase, con un recuerdo. Yo empecé a escribir un diario a los 13 años. Después me avergoncé de él y lo guardé en el fondo del armario. Ahora, es una de las cosas de las cuales estoy más satisfecha de haber hecho, y de vez en cuando disfruto de mis percepciones todavía infantiles, acompañadas de fotografías, dibujos y cartas.  

A veces leemos un libro y es como leer el diario de otra persona. A veces nos pasa cuando leemos una noticia en el diario, cuando alguien nos cuenta algo que le sucedió a una prima, a un amigo. Pero para mí, todo se concentra brutalmente en la poesía. Nunca, jamás, ninguna poesía llegó a mí tan intensamente como las de Neruda o como Unidad en ella, de Vicente Aleixandre.

Cuerpo feliz que fluye entre mis manos,
rostro amado donde contemplo el mundo,
donde graciosos pájaros se copian fugitivos,
volando a la región donde nada se olvida.

Tu forma externa, diamante o rubí duro,
brillo de un sol que entre mis manos deslumbra,
cráter que me convoca con su música íntima, con esa
indescifrable llamada de tus dientes.

Muero porque me arrojo, porque quiero morir,
porque quiero vivir en el fuego, porque este aire de fuera
no es mío, sino el caliente aliento
que si me acerco quema y dora mis labios desde un fondo.

Deja, deja que mire, teñido del amor,
enrojecido el rostro por tu purpúrea vida,
deja que mire el hondo clamor de tus entrañas
donde muero y renuncio a vivir para siempre.

Quiero amor o la muerte, quiero morir del todo,
quiero ser tú, tu sangre, esa lava rugiente
que regando encerrada bellos miembros extremos
siente así los hermosos límites de la vida.

Este beso en tus labios como una lenta espina,
como un mar que voló hecho un espejo,
como el brillo de un ala,
es todavía unas manos, un repasar de tu crujiente pelo,
un crepitar de la luz vengadora,
luz o espada mortal que sobre mi cuello amenaza,
pero que nunca podrá destruir la unidad de este mundo.

 

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