Y es que los humanos siempre giramos entorno a lo mismo: el amor, el dolor, la muerte… Por eso Shakespeare sigue siendo tan actual, ¿no os parece? HAMLET y sus dudas existenciales, OTELO y sus celos, la ambición de MACBETH o el racismo que (ya) aparece en EL MERCADER DE VENECIA, por no hablar, claro está, del amor que rezuma ROMEO Y JULIETA…
Por eso sigue funcionando el argumento basado en "chico conoce chica" en películas y libros (¿en qué se basa, si no, la ROMÁNTICA?), porque el AMOR mueve montañas y porque en este mundo que vivimos, con tanta guerra, miserias (humanas) y desigualdad, "all you need is love". La película LOVE ACTUALLY es un buen reflejo de ello (y habla de todo tipo de amor, y de la amistad y de la familia, donde también hay un alto porcentaje de amor).
BETTY LA FEA, versión española de la serie (¿venezolana?) del mismo nombre que años atrás rompió récords de audiencia, sigue el mismo patrón, y cosecha los mismos éxitos. Ahora que tengo jornada intensiva he tenido oportunidad de verla y no es más que la historia de LA CENICIENTA pero actualizada, es decir: políticamente correcta. LA CENICIENTA deslumbraba al príncipe con su belleza (no podía ser de otro modo); Beatriz Aguilar, la "secremonstruo", como la llama uno de los personajes, deslumbra a su príncipe (su jefe) con su sensibilidad e inteligencia.
Lo contradictorio del caso es que el jefe se enamora de Beatriz con el paso del tiempo y al ir conociéndola, se enamora por sus cualidades humanas y su belleza interior (el mensaje es, pues, perfecto). Pero, sorpresa: ¿por qué se enamoró Beatriz de su jefe? No nos engañemos: porque está como un tren. ¡Se enamoró sólo verle, sin conocerle siquiera! Y entonces, todo se va al garete. Porque el jefe no es bueno ni nada, ha hecho un montón de trastadas, al parecer… Es decir, que lo que dice la serie, al final, no es lo que nos parecía (nos parecía que el mensaje era tipo Dove: un voto a favor de la mujer real), sino que dice lo de siempre: que la belleza sí importa.
¡Ay! Pero todas coincidimos con Bea en querer lograr al hombre de nuestros sueños, sea cual sea la razón por la que le convertimos en objeto de deseo.
I.